Raymundo Vázquez Conchas regresó a San Lucas Tecopilco, el lugar donde nació y donde conserva recuerdos de su infancia.
El retorno lo llevó a recorrer los ranchos de Tlaxcantitla y Rosastitla. Ahí, los campos y el agua forman parte de una memoria que permanece.
Para el diputado federal con licencia, volver no significa solamente reencontrarse con un territorio conocido. También representa regresar a una etapa que marcó su manera de entender el trabajo y la vida.
Desde esos espacios recuerda una enseñanza aprendida durante sus primeros años. En el campo, explica, los resultados requieren tiempo, esfuerzo y cuidado.
“Hay que preparar la tierra, hay que sembrar la semilla, hay que abonarla, cuidarla para posteriormente cosechar”, recuerda.
La frase resume una experiencia que trascendió las labores agrícolas. Para él, el trabajo de la tierra también se convirtió en una forma de comprender los procesos de la vida.
Una infancia marcada por el campo
Entre parcelas, agua y memoria
Uno de los recuerdos más presentes está relacionado con el agua. Cerca del rancho donde creció existía un jagüey al que acudían para abastecerse.
El sitio se encontraba aproximadamente a 300 metros de la vivienda. También había un manantial utilizado por las familias para distintas actividades cotidianas.
El agua servía para cocinar, lavar y asearse. Era, además, un recurso indispensable para la vida de quienes habitaban aquella zona rural.
Hoy, esa dinámica puede parecer lejana para muchas personas. Sin embargo, forma parte de la experiencia de numerosas familias que crecieron en comunidades rurales de Tlaxcala.
La lluvia también tenía un significado especial. Para quienes dependían directamente del campo, no era solamente un fenómeno meteorológico.
Era una condición necesaria para obtener alimentos. También representaba la posibilidad de que las semillas pudieran desarrollarse.
“Los que nacimos en un rancho sabemos que la lluvia es símbolo necesario para la tierra del campo”, señala.
El aprendizaje que dejó la tierra
La infancia entre parcelas también implicó conocer las dificultades del trabajo agrícola. Sembrar requería preparar previamente el terreno y esperar el momento adecuado.
Después venían los cuidados. Finalmente, llegaba la cosecha como resultado de un proceso que no podía acelerarse.
Esa experiencia quedó vinculada con su manera de interpretar los esfuerzos personales. El campo, en ese sentido, se convirtió en una escuela cotidiana.
No se trataba únicamente de producir. También había que esperar, cuidar y asumir que cada resultado tenía un proceso.
Por ello, los ranchos de Tlaxcantitla y Rosastitla ocupan un lugar importante en sus recuerdos. Son espacios relacionados con sus primeros años y con la vida de su familia.
Una familia que tuvo que migrar
Del rancho hacia Xaltocan
La historia familiar también estuvo marcada por la necesidad de buscar mejores condiciones. Después de su infancia, la familia se trasladó primero a Xaltocan.
Posteriormente llegó a Apizaco. Los movimientos estuvieron relacionados con la búsqueda de mayores oportunidades y mejores condiciones para cubrir las necesidades del hogar.
El desplazamiento de una comunidad rural hacia municipios con mayor actividad forma parte de una experiencia compartida por distintas familias.
En muchos casos, las oportunidades económicas disponibles en las comunidades de origen resultan limitadas. Por ello, trasladarse se convierte en una alternativa para mejorar las condiciones familiares.
En el caso de Vázquez Conchas, ese recorrido significó alejarse físicamente del sitio donde comenzó su historia. Sin embargo, el vínculo con su comunidad permaneció.
Los recuerdos de sus padres
Regresar a San Lucas Tecopilco también significa volver a los recuerdos familiares. En esos lugares permanecen referencias a sus padres y hermanos.
Son recuerdos asociados con una etapa que quedó atrás. Aun así, asegura que nunca ha dejado de formar parte de su identidad.
“Lo que nunca olvido es mi origen, lo que hemos sido y lo que somos actualmente”, afirma.
La frase sintetiza el significado que tiene para él regresar. No se trata únicamente de observar nuevamente los paisajes de la infancia.
También implica reconocer a las personas y experiencias que estuvieron presentes durante sus primeros años.
La comunidad como parte del origen
Volver también es reencontrarse
El regreso adquiere otro significado cuando aparece la gente. Para Vázquez Conchas, los habitantes de su comunidad también forman parte de esa memoria.
Son personas que estuvieron presentes durante su infancia. Algunas lo vieron crecer y posteriormente desarrollarse fuera de la comunidad.
“Los recuerdos siempre me acompañan a través de nuestra gente que nos vio nacer, crecer y desarrollarnos”, expresa.
Así, el regreso se convierte en un encuentro con personas y lugares. Ambos elementos ayudan a reconstruir una historia personal que permanece ligada a la comunidad.
La experiencia también refleja una relación común entre quienes emigran de sus lugares de origen. Cambiar de residencia no necesariamente significa romper con las raíces.
En ocasiones, la distancia incluso refuerza el valor de los recuerdos. Volver permite reconocer aquello que permaneció mientras la vida transcurría en otros espacios.
Tierra, identidad y pertenencia
Para quienes crecieron en comunidades rurales, la tierra puede representar mucho más que un espacio físico. También puede guardar recuerdos familiares y aprendizajes.
El campo puede convertirse en escenario de la infancia. Los caminos, parcelas, fuentes de agua y ranchos terminan formando parte de la memoria.
En Tlaxcala, esa relación tiene una dimensión social particular. Las comunidades rurales mantienen vínculos históricos con las actividades agrícolas y con los recursos naturales.
Por ello, el relato de Vázquez Conchas conecta una experiencia individual con una memoria compartida. Su historia habla de una infancia determinada por el trabajo, el agua y la vida comunitaria.
También muestra cómo los cambios personales pueden convivir con el arraigo. Una persona puede trasladarse a otro municipio y, al mismo tiempo, conservar presente el lugar donde comenzó su historia.
“No olvido de dónde vengo”
Un regreso marcado por la memoria
Actualmente, Vázquez Conchas ocupa un lugar dentro de la vida pública de Tlaxcala. Sin embargo, al regresar a su comunidad, el relato se concentra en otra etapa.
La del niño que creció entre parcelas. La del menor que conoció las dificultades del campo y aprendió de su familia.
Su recorrido también está relacionado con las circunstancias que llevaron a su familia a trasladarse. Primero fue Xaltocan y después Apizaco.
Con el paso de los años, aquellos lugares de la infancia quedaron atrás. No obstante, la memoria permaneció vinculada con San Lucas Tecopilco.
El regreso permite recuperar esas imágenes. También recordar a quienes compartieron aquellos años.
Más allá de su actividad política, el relato presenta una historia de origen. Una historia construida entre el trabajo familiar, las necesidades económicas y el aprendizaje cotidiano.
El campo aparece como el escenario de sus primeros años. El agua, como un recurso indispensable para la vida diaria.
Los ranchos aparecen como espacios de memoria. Y la comunidad, como el vínculo que permite reconocer el origen.
Al final, regresar al lugar donde comenzó todo representa también una forma de mirar el camino recorrido. Es volver a los paisajes que acompañaron la infancia y reconocer que, aunque la vida cambie, las raíces permanecen.
“Soy Ray Vázquez, su amigo. ¡Ánimo!”, expresa al finalizar su mensaje, en el que combina el recuerdo de su infancia con su presente dentro de la vida pública.