La historia no es una verdad absoluta: ARR

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“La historia no es una verdad absoluta, la historia original no persigue la verdad histórica sino que persigue la reconstrucción de un hecho histórico”, puesto que no sé tiene el cien por ciento de un acontecimiento o un personaje debido a que existen distintas miradas o distintos puntos de vista.

Lo anterior fue afirmado por el historiador Alejandro Rosas Robles durante la conferencia “Mitos de la Historia Mexicana: De Cortés a Colosio”, que se llevó a cabo en el Teatro del IMSS como parte del ciclo de conferencias «Reflexionando Tlaxcala».

-A forma de parafraseo- Rosas Robles explicó que la verdad está plagada de mitos que le convienen a la historia oficial, que han sido inventados o creados por los que han gobernado a lo largo de los años y que han provocado que la verdad no sea absoluta.

Y es que parte de que no se pueda tener una verdad absoluta proviene que si un ser humano no puede construir su vida día con día sobre su propia historia, mucho menos se puede reconstruir los sucesos que tengan años e incluso siglos de haber transcurrido.

«La historia no hay que creerla, hay que comprenderla”.

Señaló que, si bien los mitos dan identidad, a la historia no se le debe de creer sino que se le debe interpretar, pues posee diferentes puntos de vista, ya sean de los propios personajes o de quienes la construyen, que tergiversan a la verdad.

Por ello abundó que a diferentes personajes históricos, como Zapata, Villa, Juárez, Madero, Hidalgo, incluso los Niños Héroes, se les quitaron “elementos esenciales para ponerlos en pedestales como seres perfectos”.

Los mitos se crean para que aquellos personajes a los que se les ha llamado héroes no tengan defectos, se les despoja de su humanidad y de todos aquellos diminutos detalles que, si bien sean verdaderos o bochornosos, no demeritan sus acciones.

Un ejemplo de ello es el de Zapata, que ha sido pintado como un hombre pobre y vasallo, “casi muerto de hambre”, pero que en realidad era un pequeño propietario rural que bebía coñac francés y que un día decidió defender a los oprimidos, la verdad no le quita su mérito pero si lo hace más cercano a la realidad.

Otro mito que se ha desmentido, precisamente por Alejandro Rosas, es el de los Niños Héroes, que ni si quiera eran niños, sino adolescentes, y no sólo fueron seis, fueron cerca de 50 cadetes más otros 900 soldados mexicanos que lucharon ese día en Chapultepec.

Juan Escutia nunca se arrojó con la bandera, fue abatido por soldado norteamericanos, quienes se la llevaron y años después la regresaron. Explicó que no tuvo nada de heroico arrojarse con una bandera envuelta, sin en cambio sí fue un acto de heroísmo que 50 jóvenes cadetes hayan decido quedarse en el castillo para defenderlo.

Añadió que Juárez no fue el primer presidente indígena, sino que fue Victoriano Huerta, y no murió envenado, sino por problemas del corazón pues comía demasiado bien; Pancho Villa tuvo 28 matrimonios; Francisco I. Madero era “súper ultra fifí plus” y que todos los héroes de la revolución terminaron odiándose entre ellos.

Otro de los mitos es el de la conquista, del cual no se conoce la historia de los 300 años posteriores a ella, “la historia oficial nos enseñó que fuimos abusados, que fuimos sometidos (…) nos enseñó a pensar entre buenos y malos”.

Al contrario de los héroes, los más terribles  villanos de la historia son “Cortés, Santa Anna, Porfirio Díaz, Iturbide, Victoriano Huerta (…) los mitos crearon bandos irreconciliables, por eso es necesario recuperar la reconstrucción de la historia”.

Para concluir, explicó que para acercarse a la historia, vale la pena tener mitos nacionales, pero siempre se deben cuestionar en todo momento, porque “al final a esos personajes hay que entenderlos en su contexto”, así como a los hechos históricos.

Además, respecto al contexto actual, añadió que actualmente el presidente López Obrador utiliza el término “liberales contra conservadores”, cuando ya la sociedad es otra, pero que “ese es el manejo recurrente de regresar a utilizar la historia para ciertos fines”.

“Los personajes de la Cuarta Transformación que son Madero, Juárez, Cárdenas (…) Cárdenas y Juárez eran profundamente autoritarios (…) si se sacaran de su contexto para traerlos aquí yo creo que ellos serían absolutamente incómodos con la prensa de hoy en día, porque para ellos no era importante la democracia sino como el ejercicio del poder”.

Concluyó en que el mito más reciente de la sociedad mexicana es del de Colosio, que es conocido como “el apóstol de la democracia”, del cual se ha especulado que México sería diferente si hubiera llegado al poder, pero del cual se olvidó que nunca dijo un discurso que haya sentenciado su vida.

Por ello invitó a las personas a acercarse a la historia, la cual tiene “mil detallitos” pero que tiene mucha riqueza en la alineación buena de los personajes.

La otra conclusión…

Aunque la conferencia estuvo muy interesante, pues Alejandro Rosas es un excelente conferencista que mantiene cautivo a su público mostrando su conocimiento y su buena memoria, con Tlaxcala no tenía nada que ver.

Aunque si se retoma la idea de los mitos, quizá sea un mito que a la comisión le haya importado si quiera investigar que conferencias serían las ideales para retroalimentar la historia de Tlaxcala y que no solo digan Tlaxcala porque sí.

Si se retoma la frase que dijo Alejandro Rosas «La historia no hay que creerla, hay que comprenderla», con respecto al contexto de los 500 años, quedaría como… “El cuento no hay que creerlo, hay que cuestionarlo”. 

Texto: Melisa Ortega

Fotos: Fernando Camacho

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