Gigantes de concreto que invaden la ciudad

Gigantes de concreto pastando a las orillas del Río Zahuapan. Foto: Cámara Oscura // ACA

Dentro de la jungla de asfalto, lentamente en crecimiento hacia lo alto, se levantan gigantes de concreto, que poco a poco le van dando una nueva forma a la ciudad capital.

Mientras se construye un monumento sobre sus lomos, los gigantes invaden la morada tlaxcalteca, alimentándose de los árboles que se yerguen sobre la orilla del alguna vez poderoso río Zahuapan.

Estos gigantescos seres extraños de cuerpos estilizados y cuellos alargados, son los dinosaurios modernos que habitan la ciudad; sus carnes están hechas de caliza y sus huesos están forjados de acero y varilla.

La piel de estos seres es gris, como la mayoría de aquellas construcciones que optan por ese tono que le da a la urbanidad un toque de soledad, tristeza y desolación; ese tono que hace olvidar lo que es verde, que da aire y vida, por un color que asfixia cuanto más se propaga por un lugar.

Grandes brazos mecánicos sostienen los cuellos de los gigantes para evitar que se liberen y que destruyan todo a su paso.

El emblema que después será marcado sobre sus pieles será el de un coyote y su color será rojo, un color que cambiará con el paso de los años y los gobiernos.    

¿Su destino?, cargar sobre sus hombros la esperanza de los tlaxcaltecas y dar un aspecto moderno a la vieja ciudad colonial, que desde hace ya muchos ayeres reclamaba por un poco de aire de progreso.

Sólo queda admirar a estos gigantes de concreto, antes de que pierdan su forma peculiar y se conviertan en un recipiente de juegos para el entretenimiento de las personas.

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Mel-Atl

Fotos: Melisa Ortega // ACA

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