Vida, Muerte y Resurrección, una cápsula del tiempo introspectiva

Vida, muerte y resurrección es una serie de “autorretratos imposibles” que retratan un introspectivo personal desde diferentes sentimientos, sensaciones y emociones, abordadas a través del dibujo en gran formato.

Abel Benítez, autor de esta serie, refiere que dichos autorretratos están dispuestos en posiciones que, de manera física, son imposibles de hacer por la distorsión del comportamiento del cuerpo; esto como una forma de plasmar aquello que transcurre por la mente y la vida del artista en el momento que fue creado.

Y es que, cabe mencionar, esta serie fue creada por ahí del 2011, después de que un accidente dejara su brazo derecho completamente roto y, el hecho de dibujar y las dificultades que conllevaba con dicha fractura, le llevó a distintas reflexiones por las imposibilidades, frustraciones y preguntas que fue desarrollando a lo largo de esta serie.

Además de que en simultáneo realizó otra serie, pero esta vez de pinturas, titulada “extinción”, cuya temática es el sincretismo de especies extintas con mundos distópicos y elementos de históricos del México moderno. Dichas obras fueron concebidas en esta etapa de rehabilitación del artista.

Los dibujos, realizados de manera diestra con grafito y lápiz de cera, muestran en cada trazo un referente notable al dibujo realista despojado de todo adorno y detalles sobrados, lo que en contexto muestra una caligrafía sincera y carismática dentro de una búsqueda personal e íntima que explora, sin temor, todas aquellas sensaciones que el miedo suele querer esconder, y que incluso son violentas contra el propio ser en la búsqueda de encontrar, quizá, un refugio interno.

En las obras realizadas en mediano y gran formato, se puede destacar el uso del rostro como una herramienta de comunicación o una ventana que el autor abre a su propia intimidad, para compartirla y a la vez volver a explorarla.

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Por otro lado, hay que destacar que la serie “Vida, muerte y resurrección” tenía diez años de no haberse expuesto, por lo que sirvió como una capsula del tiempo en el que no solo el artista se puede sentir identificado, sino que las expresiones plasmadas, aquellos cuerpos deformados, son un referente en el que el propio espectador puede sentirse identificado sin importar la época o el lugar.

De esta serie, que constó en sus inicios de casi 40 ejemplares, algunas forman parte de colecciones privadas en países como España. Ahora son expuestos en la galería dentro de Palacio de Cultura de Tlaxcala, un espacio que cabe resaltar fue recuperado después de que la “Galería de Arte de Tlaxcala” quedara en desuso.

La obra se puede visitar en dicha galería de martes a sábado, en un horario de las 11 a las 18 horas.

Texto y fotos: Melisa Ortega