Familias migrantes son agredidas en su paso por México.

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Foto: Cámara Oscura // Jesús Alvarado Rodríguez

 

Maritza Areli salió de Honduras hace 20 días. Viaja en el tren junto a su familia integrada por siete personas. Junto a su esposo y su hija de tres años, abandonó su país natal debido a la inseguridad y la falta de trabajo. Parte de su familia se quedó en La Ceiba, Honduras, donde la situación política se ha agudizado en los últimos años. Maritza cuenta que miembros de pandillas han robado a muchas personas, e intimidado principalmente a las mujeres.

 

Durante su paso por Guatemala y el sur de México, la familia de Maritza ha sido víctima de extorsión e intimidación por parte de ciudadanos y policías. “En una ocasión, una señora nos ofreció bañarnos en su casa y descansar, pero después de un rato ya no nos quería dejar salir… que teníamos que hablar con el jefe. Mi esposo diálogo con ellos y fue así que nos dejaron salir» cuenta Maritza «…a lo largo del viaje por Guatemala nos fuimos quedando sin dinero, y al llegar a México no teníamos prácticamente nada de monedas».

 

En México la situación de intimidación ha sido por parte de militares y policías, en repetidas ocasiones algunos policías piden a los migrantes dinero para poder subir al tren. También han sido agredidos con armas de fuego mientras viajaban en el tren, la familia de Maritza se preocupó mucho por la seguridad de las menores, ambas de 3 años de edad.

 

Maritza Areli nos cuenta que su plan es llegar a la ciudad de Monterrey, donde tienen amigos que les ayudarán a iniciar una nueva vida. En su largo viaje por México han pasado por muchas situaciones difíciles, como tener que dormir en la calle y pedir dinero para alimentar a las niñas. También esperan que una vez que se hayan instalado, puedan buscar asilo político dadas las circunstancias de violencia que los hicieron salir de Honduras.

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Areli asegura que no todo ha salido mal, también han encontrado a gente muy amable en su paso por México. Recalcó que la atención y ayuda que han recibido en el albergue de La Sagrada Familia en Apizaco, ha sido muy buena y lo agradece. En el albergue les han proporcionado ropa, alimento y medicamentos. Areli y su familia desean que en un futuro no muy lejano la situación en Honduras mejore para así poder regresar con los suyos, mientras tanto su mayor preocupación es que sus hijas lleguen con bien a su destino.

 

Texto y Foto: Jesús Alvarado Rodríguez

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