Bocetos de poesía en redes sociales. (Primera parte) Por Ládores

El placer de la exhibición en redes sociales es la variación de un fenómeno natural: adaptación de las tensiones psíquicas a la posibilidad de un discurso nuevo para liberarse. Es una forma de comunicación especialmente configurada para transmitir un mensaje (sugerido, ambiguo, deliberadamente encubierto) a un receptor indefinido, simultáneamente presente y ausente: virtual.

 

El rol de destinatario parcial (o final) –pueden ser más de uno- lo asumirá quien tenga la clave del código del mensaje, quien descifre el sentido e intención más próximos al original del remitente y responda en similar forma. Estos elementos: mensajes abiertos, códigos lingüísticos encriptados y destinatarios indefinidos, entre otros, revelan el grado de indeterminación de las mentes que interactúan mediante estas redes sociales.

 

Quienes conforman o están vinculados con estas comunidades de interacción virtual conocen las normas que las rigen, las cuales están estructuradas en el uso de elementos multimedia (imágenes, video, música, textos, etc.) que configuran el lenguaje en las redes sociales. Requiere sin embargo cierta práctica para aplicar efectivamente este lenguaje multimedia en las relaciones humanas virtuales.

 

Inicialmente debe comprenderse que en las redes sociales interactúa la individualidad como una entidad, frente a la colectividad como otra (véase circuito de la comunicación: emisor, receptor, mensaje, canal, código, etc.), es decir, un remitente ante una cantidad indefinida de destinatarios o potenciales receptores. Dinámica en la cual el individuo se expresa desde su “supuesta” identidad o identidad artificial que lo representa parcialmente; y los potenciales receptores observan desde el anonimato que les concede las mismas normas convenidas por quienes participan de este circuito sui géneris de la comunicación. Así funciona, así lo han determinado los comunicantes (alegoría del término hablante en función del lenguaje verbal) en su comunidad. El uso determina la norma.

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La forma de su lenguaje se basa en un código visual (imágenes, signos, colores, etc.), complementado por el código verbal escrito (el registro o nivel de este lenguaje lo define cada usuario activo del circuito) y reforzado o consolidado por sonidos (audios, música). Considerando el uso predominante de la imagen con la intención deliberada del emisor de desvanecer el sentido del mensaje resulta indispensable que el receptor comprenda en equivalencia el mismo paradigma para descifrarlo. La clave es el desarrollo de la capacidad deductiva de los participantes de este particular circuito de comunicación por parte de emisores y receptores. Es el arte de la insinuación.

 

El canal condiciona la forma y el código del mensaje. No obstante el mensaje es humano, y por ende comprensible por todo humano. El efecto de la imagen es similar al lenguaje de señas que bien representa el uso de emoticones, y demás signos que dan a esta forma de comunicación un tinte o tenor simbólico (aunque carente de su significación y sentido profundos).

 

Ejemplifiquemos: la publicación de fotografías, memes, estados de ánimo etc., siempre implican la expresión de una idea-emoción, así como su inherente intensión (sea descifrada o no por el receptor específico que tenía en mente el emisor). Evidentemente, la mayoría de los usuarios utiliza las plataformas de redes sociales para exhibir sus atributos humanos: físicos, intelectuales, sensibles. En respuesta recibirán una contestación similar a su mensaje emitido retroalimentando así el circuito de oferta-demanda de relaciones humanas entre las personas claramente insatisfechas con su interacción social real. Los usuarios no se comunican efectivamente entre ellos, sólo se expresan al vacío, se desahogan, como el político en ágora, el pontífice en el púlpito, el profeta en la plaza, el niño frente a camaradas, satisfacen una necesidad humana fundamental: socializar.

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Hay no pocas excepciones, pero en este caso particular queremos enfatizar las consecuencias por el uso irreflexivo de estos medios de comunicación. En un parámetro de población que oscila entre los 11-45 años de edad de quienes tienen acceso a estas redes sociales (dicho sea de paso, es un rango que sigue ampliando sus márgenes) revela lamentables rasgos de una sociedad que elije creer y conformarse con la apariencia, la superficialidad de significados complaciente con sus irresoluciones y su pobre sentido de la realidad.

 

No soslayamos que esencialmente es un espacio lúdico interactivo que crean las personas para desfogar tensiones, preocupaciones, intensiones que consuman expresivamente, y la mayor de las veces honestamente, aunque de manera velada. Es un comportamiento que bien puede entenderse desde la etología, ciencia propuesta formalmente por Konrad Lorenz (Austria, 1903-89) en la cual describe a partir de la observación y el análisis la conducta de los seres vivos como una ejecución biológica de su adaptación al mundo natural que posibilita su supervivencia. Estas propuestas trasladadas al lenguaje y la mecánica biológica del cerebro (apoyada en la ciencia psicológica y la psicología lingüística) nos ofrece un panorama de conocimiento más amplio y matizado del comportamiento expresivo humano en medios digitales.

 

Este medio de comunicación es una herramienta de inmensurables alcances, pero poco ineficiente en relación a propósitos o fines artísticos. La dinámica misma de este circuito basada en la complacencia de la inmediatez y la novedad de la información reduce el tiempo de vida del mensaje, lo caduca, lo coloca en un abismo de permanente decadencia; el mensaje existe al filo de la vacuidad y el olvido. La poesía, la intensión de transmitir un sentido poético mediante las publicaciones en estos medios pasan por meras curiosidades, pasajes anecdóticos de relativa importancia, fraseología de divertimento, todo un pasatiempo. Y las pruebas se manifiestan en su mismo sistema.

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Términos como stalkear revelan comportamientos propios de mentes inconformes que pretenden formar relaciones sociales más próximas al concientizar que tras la apariencia del mundo virtual existen las vidas reales de personas que les intrigan, les provoca un interés muy humano, les inspira un deseo verdadero de vivir. La vida virtual tiene un símil en la imaginación, la cual explotan estos medios que se afianzan en la inconformidad, vacilaciones, incertidumbre, temores y malestar existencial de los internautas, quienes al fin y al cabo son personas que reconocen la complejidad de la realidad y desean eludir el trabajo de comprenderla y procurar comprenderse a sí mismos.

 

Giovanni Sartori (Italia, 1924-2017) en su libro Homo Videns (1997) prefiguró las consecuencias de subordinar la imaginación a la tecnología, y aplicar dicha aberración a la vida cotidiana. La enajenación por vía de las redes sociales es el colofón de un fenómeno que tiene sus raíces en los problemas psicológicos, sociales, culturales, etc., a los cuales la humanidad actual no ha presentado una propuesta real de solución, sino lenitivos que agravan los problemas que van enquistándose más profundamente. Es imprescindible revirar hacia nuestra consciencia para evitar el anquilosamiento de nuestro pensamiento y las lamentables consecuencias, que estribarían en el peor de los casos en el cese de la búsqueda a las respuestas fundamentales de nuestro ser y, quizás desde una postura apocalíptica pero no menos realista, en la extinción de nuestra raza causa de nuestra inconsciencia e incompetencia humana.

Joaquín Ládores. Escritor y poeta tlaxcalteca.