Los peregrinos de faldas de lana y pies descalzos.

Con los pies cansados, rostros asoleados y almas inquebrantables, así se manifestó la fe en el Cerro de Guadalupe, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Miles de personas, que a la par con los peregrinajes que se realizaron hasta la Basílica de Guadalupe el pasado 12 de diciembre, en Ciudad de México, llegaron a visitar a su Santa y pedirle milagros o favores.

Algunos de estos peregrinos, viajaron desde lejos, en pequeñas caravanas que son conocidas como las “antorchas campesinas”, y pagaron su penitencia haciendo un largo recorrido, algunos con sus pies descalzos, vestidos con ayates y calzones de manta, siguiendo la tradición del “indígena” Juan Diego, en el cerro del Tepeyac.

Antorchas peregrinas
Antorchas peregrinas

El templo de la Virgen de Guadalupe, data de 1835 y ha sido sede para las peregrinaciones a los viajeros que se encuentran lejanos de la zona centro del país, por ello, al igual que en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tuxtla, los peregrinos realizan su viaje a dicho lugar.

La fe es un incentivo que guía y que alienta a las personas más necesitadas, quienes realizan largos viajes, junto con personas de mediana economía, los principales fervientes a la virgen son los indígenas.

Se les pueden ver adornados con sus faltas y sus abrigos de lana (Sí, el mismo abrigo que luce Manuel Velasco en sus giras por Chiapas), sus chales bordados y sus pies descalzos. Ni el sol, ni la pobreza detienen a un corazón que lucha por encontrar un sorbito de felicidad.

Aquí la gente más humilde  llega, después de una penitencia que resulta en insolación y pies cansados, a pedir y a implorar perdón por las acciones que mal han obrado, por salud, por bienestar, o por quizá una vida mejor.

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La fe es un incentivo que guía y que alienta
La fe es un incentivo que guía y que alienta

Chiapas es uno de los tres municipios con mayor población de habla indígena con el 27.9 por ciento. Según datos del INEGI, de la población que habla lengua indígena, 13 de cada 100, solo puede expresarse en su lengua.

El 15.1 por ciento de esta población indígena en el 2015 no está afiliada en alguna institución de salud y 32.2 por ciento de las mujeres hablantes de lengua indígena que trabajan en 2015, lo hacen por su cuenta.

Ni el sol, ni la pobreza detienen a un corazón que lucha por encontrar un sorbito de felicidad
Ni el sol, ni la pobreza detienen a un corazón que lucha por encontrar un sorbito de felicidad

Cabe destacar que en noviembre de éste año, miles de indígenas se pronunciaron a favor del respeto sobre la libre autodeterminación y las políticas públicas, ya que son ellos quienes más defienden las reservas naturales para que no sean explotadas por empresas transnacionales, dañinas para el medio ambiente.

Además de ello, son los pueblos originarios quienes más sufren de marginación, miseria y violencia. Hay que recordar que desde los pasados días más cinco mil indígenas viven desplazados en las montañas de Chiapas.

Todo ello a raíz de un conflicto entre los municipios de Chalchiuatán y Chenalhó que lleva más de 40 años, debido a una reforma agraria que trazó una línea recta para establecer los límites territoriales entra cada municipio en lugar de respetar delimitaciones naturales.

El estado de Chiapas, se mantiene como la entidad que posee mayor número de personas que viven en situación de pobreza. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el estado quedó posicionado como la entidad número uno de la lista.

Si bien, ¿qué mejor alivio puede tener un corazón marginado que el de elevar una oración a la espera de que ésta sea escuchada? Ellos son un ejemplo de la supervivencia a las condiciones de pobreza extrema, el racismo y la marginación.

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Nosotros los vemos como un pueblo ignorante, como personas sin educación y sin mejores aspiraciones de vida, que tener aunque sea un pan en la mesa y tener que procrear hijos para que ellos a su vez ayuden a traer ese pan.

Una penitencia que resulta en insolación y pies cansados
Una penitencia que resulta en insolación y pies cansados

Ellos no aspiran a tener una mejor vida porque, incluso ellos no se han dado cuenta de que, están tan acostumbrados a ser pobres que su situación de pobreza ya se les hace normal.

Solo hay que recordar que en estas épocas decembrinas ellos no van a tener cenas fabulosas, ni hogares cálidos en los cuales convivir con sus familiares y conocidos.

Hay algunos que se están muriendo de hambre y frío en las montañas, lejos de sus tierras, sin ayuda, su única esperanza reside en elevar una plegaria a la “virgen morena” para que los ayude en su largo trecho por los caminos de nuestra ignorancia.

Texto y Foto: Melisa Ortega