Canonización de la “pacífica evangelización”

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La canonización no significa que los actos crueles y las masacres que se les hicieron a nuestros ancestros dejen de ser un genocidio “justificado”.

Recordemos que el pasado 12 de octubre se celebró en España el día de Colón o la “hispanidad”, mucha gente se encuentra en desacuerdo con el “término”, pues no tiene nada que ver con algún logro destacable o el inicio de la expansión de un imperio, sino que es el inicio de una constante lucha racial entre los siempre superiores y poderosos “blancos”, y nuestros indígenas.

Nosotros como mestizos nos hemos tragado el cuento de la mal llamada “Historia Oficial” sobre la conquista del continente americano, que no importa los avances tecnológicos y las enfermedades que trajo consigo, sino el simple hecho de que no deja de ser un genocidio que busca ser justificado por la “evangelización”.

El mestizaje abrió la puerta al vasallaje del continente, siendo la “verdadera religión”, la única con poder sobre las demás paganas e incivilizadas religiones politeístas de los indígenas una razón para considerarlos como “salvajes” y necesitadas de una fe verdadera.

Poco a poco se han ido develando las verdades, como una cortina hecha de relatos contados por los “historiadores” que ha dejado entrever sutilmente la verdad, pues es como si creyéramos que la verdad es sólo creíble cuando la cuenta el conquistador y no el conquistado, obviamente hay dos puntos de vista, sólo que la versión del lado sometido se ha ido esfumando a través de las generaciones.

Como la “virgen de Guadalupe” y otros cuentos, que si no me creen pueden consultar el libro de Serge Gruzinski llamado “La guerra de las imágenes”, donde nos cuenta de una manera magistral como la imagen ha sido un medio político, más que religioso, de manipular el pensamiento y la resistencia cultural a favor de las creencias e intenciones invasoras.

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En el contexto de la IMAGEN, la virgen de Guadalupe fue una estrategia utilizada por los “conquistadores”, como un ejemplo de que Dios está en todos lados y es de todos los colores y razas.
Para ser más clara, las imágenes que ellos traían de España eran de personas con rostros hermosos y pieles blancas, justo como lo son los rasgos que definen a los europeos, pero, ¿cómo convences a toda una civilización de que mi dios es tu dios también? Pues, simplemente le pones piel morena y, para que quede más claro el mensaje, añades a un indígena sumiso convencido de que aquella imagen pintada sobre un ayate es en verdad un milagro.

En el caso de los, ahora santos, “Niños Mártires de Tlaxcala”, podríamos poner de ejemplo su fatídica historia. Tres niños, Cristóbal, Antonio y Juan, dos hijos de nobles o “tiashcas” y uno simplemente un plebeyo, fueron adoctrinados o adiestrados con la esperanza de que estos jóvenes convirtieran a sus padres y seguidores a la única religión y dejaran el culto a sus dioses paganos. Cuando fueron enviados a su misión de evangelizar a los pueblos más importantes, los mismos frailes sabían el arraigo que los indígenas tenían sobre sus dioses, entonces ellos sabían que su cometido era una misión suicida, o como oficialmente se les llama, iban a ser martirizados por su propia gente ya que no aceptaban una religión extranjera como suya, pero aun así sabiendo el peligro que corrían decidieron cumplir su misión de destruir las imágenes paganas y a sus dioses.

Desde un punto de vista la historia de estos niños mártires suena como la de unos pequeños héroes de la religión que murieron por intentar convertir a nuestros indígenas a la verdadera fe, pero si esclarecemos la historia, estos niños, debido a su linaje y relevancia sobre los pueblos indígenas, fueron utilizados como una excusa para someter a los seguidores de sus padres a costa de sus propias vidas, como una prueba cruel de “a ver que funciona mejor”. También nuestros indígenas intentaban proteger su cultura, de una u otra forma, después de la conquista, poco a poco fueron sometidos por pura política disfrazada de “la tarea de dios”.
Inclusive, alguien se ha puesto a pensar ¿por qué los santos son San Juan o San Cristóbal y no San Xicoténcatl o Santa Xóchitl? O ¿Por qué el español es nuestra lengua y no el Náhuatl? Retomando el contexto de la “imagen”, el martirio de estos niños fue un intento de convertir a los indígenas de la manera pacífica, dado que la manera violenta no estaba dando resultado, y las manos manchadas de sangre durante la conquista y la evangelización de los pueblos iba a manchar también el nombre de la sagrada misión de dios.

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Y por qué me refiero a una situación política más que religiosa, porque convertidos de esta manera era más fácil dominar a la población que si los antiguos dioses dictaran pelear antes de rendirse ante el dios invasor, ya que claramente, la destrucción de las imágenes y estatuillas de nuestras antiguas deidades no les gustaba para nada a nuestros ancestros y simplemente por eso no se iban a dejar dominar. Digo, si pusiera un ejemplo figurativo, fantasioso y hasta cierto grado fanático, sí alguien viene a pisotear a la figurita de Batman de mi casa diciéndome que no es un verdadero héroe, yo obviamente voy a defenderlo porque así lo creo, es mi creencia, sus hazañas me parecen heroicas y por eso lo idolatro. Porque si se quiere ver de esta forma, en la religión así como en la “cultura popular”, la gente incluso llega a creer que los héroes de ficción son de verdad, tanto que comienzan disputas reales por historias fantásticas inventadas sólo por entretenimiento.

Independientemente de la creencia de la gente, debe existir un respeto por las idolatrías que cada persona tiene, pero, en el contexto histórico y de la imagen, canonizar a unos niños que representan la esclavitud y sumisión de nuestros ancestros, es una prueba fehaciente de que dichos actos crueles son venerados y glorificados por la iglesia católica actual, si se compara con acontecimientos actuales, es como si se beatificara a Marcial Maciel por haber impartido la fe a través de sus legionarios. La canonización no significa que los actos crueles y las masacres que se les hicieron a nuestros ancestros dejen de ser un genocidio “justificado”.

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Recordemos o renombremos al 12 y al 15 de octubre, no como días de glorificación y la victoria de una religión sobre otra, sino como una muestra de la fuerza y el poder que ha tenido “una raza sobre otra”, nuestra raza y nuestra raíz aun se conservan intactos en algunos lugares de nuestro país, pero, nuestra misma idea racial nos ha hecho rezagarlos y tratarlos como inferiores sólo por su apariencia y por sus costumbres.

A pesar de que los actos del pasado forjaron nuestro presente, no dejan de ser acontecimientos construidos a base de la sangre de nuestra primera raza. Los Niños Mártires murieron creyendo que su misión era dar la vida por una religión que en sus cimientos, su historia y su biblia, ninguna hazaña estuvo ausente de derramamiento de sangre. Celebremos a nuestra raza indígena, mestiza y negra, que los actos mediáticos de canonización y cuanta farándula católica haya, se le queden a televisoras como la que creó a “Frida Sofía” o a la iglesia mexicana que lentamente va perdiendo feligreses.
(Texto y foto: Melisa Ortega)

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