Cinco años y una pregunta que sigue sin responder ¿Dónde está Karla?

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Negligencia por parte de autoridades, desinterés de los gobierno y estereotipos al momento de buscar a jóvenes desaparecidas. Así fue el caso de la desaparición de Karla Romero Tezmol, que reveló la necesidad de protocolos de búsqueda efectivos, pues a cinco años de haber desaparecido aún no se sabe ¿Dónde está Karla?

La rutina de Karla consistía en levantarse temprano, no le gustaba llegar tarde a la escuela, pues el trayecto desde uno de los barrios más alejados, el barrio de Cristo, en San Pablo del Monte, era largo a pie. Así que se aseaba y acicalaba el cabello, preparaba sus cosas y desayunaba rápidamente antes de partir.

Con un trayecto largo por recorrer, Karla siempre viajaba hasta la escuela en compañía de Rafael, su hermano menor, con quién compartía juegos, travesuras, peleas y reconciliaciones pueriles. Rafa tomaba en serio su tutela, aun siendo muy joven era capaz de percatar lo mal que pudiera haber en el entorno.

Olga, su madre, en cambio, sabía que no tenía nada que temer pues conocía muy bien a su hija. Sus compañeros la describían como una niña tímida, los maestros nunca se quejaron de alguna mala conducta. Hasta esos momentos, Olga sabía que, si Karla tenía algo que reprochar o comentar, lo hacía mediante cartas, donde describía que, a pesar de los regaños, gritos o peleas, Karla le amaba mucho; en su inocencia no haría algo capaz de hacer sentir mal a su madre y con esta seguridad, Olga se sentía tranquila siempre que Karla se iba todas las mañanas.

No obstante, aquella seguridad no era suficiente, pues en un estado donde desde el año 2011 hasta el 2015 habían desaparecido 47 niños, la mayoría de ellos en San Pablo del Monte -en especial niñas-, Olga sabía que debía preparar a Karla pues no siempre podría estar junto a ella para cuidarla.

Por ello, todos los días antes de partir, Olga le recomendaba cuidarse mucho, mirar hacia ambos lados antes de cruzar la calle, siempre estar alerta y caminar muy rápido en caso de ver algo anormal.

A sus once años y sin conocer muchas cosas del mundo, la cautela de Karla disipaba cualquier conato de rebeldía. Incluso, llegó a rechazar que una de sus primas, que era regresada a su casa por una de sus maestras, le diera un aventón, pues prefirió no subirse al auto de una desconocida, aunque fuera su maestra.

Cuando Karla regresaba a su casa, con la misma rutina de cuidado, solía hacer sus tareas y por la tarde ayudaba a su madre a realizar cortes de cabello en la estética, que por cierto lleva su nombre, pues algún día seguiría los pasos de su madre.

Sin embargo, hubo un día en que aquella rutina no pudo realizarse.

La angustia de no saber dónde está

En una mañana lluviosa del 13 de enero del año 2016, Olga tenía que cuidar a su tercera hija, de apenas nueve meses; Rafa, por otro lado, no tuvo clases y no le gustaba quedarse solo en casa, por ello, Olga le dio a Karla un celular para que al llegar a la escuela se pudiera comunicar.

A Olga la invadió una cierta intranquilidad, pues a la niña le tomaba 20 minutos llegar hasta su escuela, sin embargo, ya había pasado la hora de entrada y Karla no le había llamado. Olga intentó comunicarse, pero no enlazaba la llamada.

“Eran las 8:15. Le marqué y sí entró la llamada, se escuchó que me contestaron, pero con silencio. Como si fuera caminando. Le marqué cuatro veces más, pero no contestó. En ese momento pensé que estaba caminando rápido o que ya estaba en el salón de clases”.

En ese entendido, Olga no le llamó más y solo le envió mensajes de texto para avisarle que Rafa iría a dejar su almuerzo a la hora del receso, sin embargo, tampoco contestó los mensajes. A las 11:00, cuando Rafa fue a dejar el almuerzo, se enteró de que Karla no había llegado a la escuela.

Pasaba del cuarto de hora y cuando el niño regresó, Olga notó que estaba asustado y con lágrimas en sus ojos que hacía rato le habían quemado las mejillas. En un intento de disuadirle el nudo en la garganta, Olga le pidió decirle si algo le había pasado en el camino, pero sus palabras fueron: “Mamá, Karla no está en la escuela”.

Incrédula, Olga dudó de lo que le acababa de decir, pero su hijo le comentó que, al llegar a la reja del plantel, una de las amigas de Karla lo vio y le comentó que ella ni siquiera había llegado a la escuela.

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Después de intercambiar palabras, Olga decidió ir a la escuela solo para que su maestro le confirmara que no ingresó a clases; mientras la directora acuñó la ausencia con una posible huida, un berrinche o algo. Algo que Olga no creyó.

De esa forma, la directora explicó que la escuela no se hacía responsable de niños que no llegaran a la instancia, pero al pasar el tiempo, hasta llegar la hora de salida, la directora la llevó al Ministerio Público de San Pablo y de allí fue trasladada hasta Tlaxcala, donde fue atendida hasta las 6 de la tarde.

El calvario burocrático

“Me preguntaron que si la regañé, que si la niña tenía novio. Porque -insinuaron- las niñas de ahora a su edad empiezan a conocer a otro tipo de gente”, Olga se negó si quiera a pensar en la posibilidad de que se haya ido por si sola o con otra persona o a otro lugar, pues no salía con otras personas que no fueran su familia y, además, “mi hija no sabía ni llegar al centro de San Pablo”.

Dentro de las acciones de búsqueda, las autoridades revisaron su casa, la ropa, la cisterna, incluso un montículo de tierra mal acomodado e insinuaron que quizá ella se pudo haber deshecho de su propia hija.

Pasaron los días y las oficinas le hicieron creer que se había activado la alerta, aunque nunca le pidieron la foto de la niña. Después se percató que la cédula se había activado pre-alerta, algo que le molestó.

Sin saber a dónde acudir, conoció a Miriam Pascual, directora de Red Retoño, quién el dijo que todo el papeleó estaba mal y que en sí no la estaban buscando, por lo que la llevó a Ciudad de México para hablar de las omisiones en su caso mediante una conferencia de prensa.

Aquel 5 de febrero, Olga denunció a la Procuradora de ese entonces, Alicia Fragoso, por haber actuado de manera negligente al no iniciar con la averiguación previa ni activar la Alerta Amber, Al día siguiente, 21 días después de la desaparición de Karla, la alerta fue activada.

Dónde está Karla. Autor. Joel Tlatelpa

Temor al amarillismo

La popularidad de los medios de comunicación en Tlaxcala es reconocida por tener entre sus primeras líneas, de periódicos digitales e impresos, el tinte rojo que los accidentes, homicidios y la chusma en general, acarrean a lectores que, al vivir en un estado con violencia moderada, se asombran por ellos.

Cuando las investigaciones apenas comenzaban, la titular de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tlaxcala (PGJE), Alicia Fragoso, pidió a Olga tener mesura y no hacer declaraciones, pues la prensa y las notas amarillistas entorpecerían la búsqueda de Karla.

Al cuestionar por qué el caso de Karla se había activado como pre-alerta, el subprocurador de ese entonces, Víctor Pérez Dorante, respondió que, por la información proporcionada, la niña no había salido de la entidad y, por ende, no había delito para realizar una Averiguación Previa.

Olga se reunió cuatro veces más para dar información, la cual fue desestimada como meros “chismes”. Un policía intetó persuadirla de que, una vez se haya acabado el dinero que se llevó, la niña regresaría.

“No crea esos cuentos de que a las muchachitas se las llevan y que las duermen y les quitan los órganos (…)  ¿Cómo para qué se llevarían a su hija? Miré a los dos policías y les dije. ¿ustedes saben el riesgo que corre una mujer cuando desaparece? Ambos se agacharon”.

Con teléfonos intervenidos, búsquedas en sitios improbables y señalados -ambos padres de Karla- como principales sospechosos, llegó un momento en que hicieron dudar a Olga de la fidelidad de su esposo y viceversa.

Debido a esto, Olga se molestó. Reprochó la manera en que, quienes la interrogaban, estereotipaban el caso de su hija, como una mera acción de huida fortuita cuando, incluso habiendo tenido la oportunidad de irse de pinta con sus amigos, ella nunca lo hizo.

“Yo sé que mi hija no se fue, aunque ellos quisieron hacerme creer que sí”.

No desapareció, me la quitaron

Pese a todos los interrogatorios no hubo avances y aunque, gracias a la ayuda de la abogada Miriam Pascual, un Juez de Amparo obligó a las autoridades a iniciar una Averiguación Previa, pues solo se había registrado un Acta de Circunstancia, hubo una serie de sucesos y negligencias que provocaron la perdida de pistas cruciales.

Y es que, hasta ese momento, de las niñas que habían sido reportadas como desaparecidas, solo el caso de Karla fue acreedor de una investigación formal por posible comisión de delito. Algo que, al día de hoy, de todos los casos de personas desaparecidas, menos de la mitad son integradas a una carpeta de investigación.

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En este sentido, de acuerdo con la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) a través del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en la década que corresponde de enero de 2011 hasta diciembre de 2020, desaparecieron 65 menores de 18 años, 39 mujeres y 26 hombres, de los cuales al menos 15 mujeres pertenecen a los municipios de Tlaxcala y San Pablo del Monte.

Dichas cifras, en comparación con los casos registrados por colectivos como Mujer y Utopía (CMU), no corresponden con el total de mujeres y niñas desaparecidas, de cuyos casos la mayoría no se acredita una Averiguación Previa por no tener delito que perseguir.

De vuelta con las pistas del paradero de Karla, durante el primer mes de búsqueda, aproximadamente el 2 de febrero, la familia recibió diversas llamadas telefónicas que daban información sobre el posible lugar donde se hallaba.

Aunque la mayoría de estas llamadas fue desestimada por las autoridades, una de estas indicaba la posible localización de Karla dentro de un hotel en el estado de Puebla. Se presumía que estaba siendo explotada sexualmente.

Por ello, Olga tomó cartas en el asunto y ese 2 de febrero realizó, en compañía de familiares, una manifestación para pedir a las autoridades de Puebla, en especial a Fiscalía de Delitos Sexuales, realizar cateos en hoteles ubicados 14 Oriente y la calle 4 de Mayo.

Mientras tanto, la Procuraduría de Tlaxcala realizó una solicitud de operativo a la Fiscalía General del Estado de Puebla, para intervenir el Hotel “Del Río” de la 14 Oriente, donde supuestamente se encontraba. El cateo se realizaría el 3 de febrero.

Sin embargo, las acciones de búsqueda que la familia realizaba de manera particular, aunados con falta de comunicación por parte de las autoridades, provocaron, de alguna manera, que las trabajadoras sexuales de dicho hotel estuvieran al tanto de los cateos y el operativo se vio frustrado.

Otra de las pistas cruciales fue el testimonio de quienes vieron a Karla caminar sobre la calle 20 de Noviembre, mismo que fue corroborado mediante un video donde se constataba que Karla efectivamente caminó por esa calle y fue llevada a la fuerza por dos sujetos que viajaban en un vehículo negro.

Los elementos de la procuraduría solicitaron el video al dueño del negocio, cuyas cámaras habían grabado el acto, sin embargo, el video que se solicitó fue el de la fecha del 14 de enero. Cuando los padres de Karla detectaron el error, el sistema de videovigilancia ya había borrado los archivos.

Debido a que el caso recibió atención mediática, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que a través del órgano estatal (CEDHT) inició un oficio con el nombre CEDHT/QVG/03/2016, el cual no emitía recomendaciones sobre las violaciones a derechos durante las investigaciones ni de las negligencias cometidas por la Procuraduría.

No fue si no hasta diciembre de 2018, cuando la CNDH publicó la recomendación 83/2018 dirigida al gobierno de Tlaxcala, que acredita cuatro violaciones de derechos humanos cometidas por la PGJE, encabezada por Alicia Fragoso, de las cuales señalaron dilación para emitir la Alerta Amber, no haber emitido Acta Circunstanciada, irregularidades en la investigación y violación a los derechos de las victimas a impartición de justicia.

En su momento, Marco Mena, mediante un comunicado, aseguró que haría caso a las recomendaciones para esclarecer los señalamientos, y aunque -señaló- que las acusaciones fueron cometidas durante la administración anterior, haría lo posible por cumplirlas. Cosa que hasta este día no sucedió.

Cédula de Karla Romero. Foto: Web

Dos gobiernos unidos por un mismo desinterés

Olga comentó en entrevista a este medio que, después de las primeras investigaciones y al ver que no había avance en el caso de Karla, decidió pedir la intervención del entonces gobernador, Mariano González Zarur, pues tenía el temor de que, para cuando llegase el cambio de gobierno, Karla no hubiese sido localizado.

Sin embargo, este temor se cumplió y al inicio del nuevo mandato, encabezado ahora por Marco Mena, solicitó un encuentro él, pero, hasta la fecha, su solicitud no tuvo respuesta.

Lo anterior es algo que lamenta pues en este año 2021, cinco años después de la desaparición de Karla, el gobierno de Tlaxcala también será renovado y el nombre de Marco Mena se suma a la lista de gobernadores que no han mostrado interés en las mujeres, ni por desaparición, ni trata de personas ni por feminicidio.

Olga comentó que la única vez que fue atendida por alguien del Gabinete de Mena, fue por el primer Secretario de Gobierno, Tito Cervantes, quién expresó que “lamentaba mucho” lo que le sucedió y que le hubiese gustado contar con la “bolita mágica” para poder localizar a su hija.

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“Sabe qué, yo presiento que su hija está viva, lo malo es que no sabemos en donde está. Pero la vamos a encontrar”. Olga comentó que, tras las palabras dichas por Tito Cervantes y el compromiso que asumió para encontrar a Karla, sintió un poco de esperanza.

Pero al igual que como pasó con el cambio de Gobierno, Tito Cervantes fue removido de su cargo y en su lugar llegó Anabel Alvarado como Secretaría de Gobierno.

Con Anabel, señaló, fue lo mismo. Le dijo las mismas palabras y se comprometió también a buscar a Karla, pero a los pocos meses, fue removida de su cargo y se nombró a Aarón Pérez Carro como el nuevo secretario.

“Es regresar a cero y empezar otra vez”.

Oportunismo

Debido a que el municipio de San Pablo del Monte, junto con Tenancingo y Papalotla, conforman el corredor de la trata, vinculado a la desaparición de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, y a la relación del caso de Karla con este delito, Olga comenzó a desconfiar de quienes le rodeaban, de los hombres, incluso de hombres de su familia, como su esposo.

Incluso durante la Jornada de Reflexión sobre la Trata de Mujeres y Niñas en Tlaxcala, realizada por la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx) en octubre de 2019, la directora regional de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC por sus siglas en inglés), Teresa Ulloa, señaló que un tío de Karla fue quién se la llevó para explotarla sexualmente.

En este sentido, Olga lamentó que, sin presencia de ella o el padre de Karla, Iván Romero Galupila, se haya dado información que pone en riesgo a la propia familia y que, además, calificó como falsa.

Por otro lado, agradeció el apoyo otorgado por Miriam Pascual, directora de Red Retoño, por ayudar a la familia sin lucrar con el dolor ajeno y con respeto de sus decisiones.

Y es que, la misma red había sido acusada de oportunismo, algo que la propia Miriam, durante una conferencia realizada en marzo de 2018, denunció como desacreditaciones hechas por las autoridades para alejar a las víctimas de las organizaciones y desestimar el trabajo realizado.

Me duele pensar que mi hija es victima de trata

Aunque el caso de Karla Romero Tezmol ha sido vinculado con el delito de Trata de Personas, debido a que, desde su desaparición, se han registrado de manera oficial 18 menores de edad desaparecidos, siendo la mayoría (11) mujeres, concentradas en el municipio de San Pablo del Monte, a Olga le duele pensar que su hija pudiese ser víctima de trata.

“Se han cumplido cinco años. Cinco de no saber lo que pasó aquel día. Llorando la ausencia de mi hija. Cuando me levanto, cuando me acuesto, e incluso de madrugada. El ver su cama vacía. Creo que nadie va entender el dolor que llevo aquí adentro. Ese vacío nadie lo va a llenar”.

Y es que, desde el año 2017, se presentó un incremento significativo en la desaparición de mujeres, niñas y niños menores de edad. Aunque las posibilidades del paradero suelen ser muchas, Olga solo prefiere quedarse con la incertidumbre que imaginarse un destino desfavorable para su hija.

“Llevamos cinco años haciéndonos las mismas preguntas. ¿Qué pasó aquel día? ¿Dónde estás? ¿Con quién estás? ¿Hasta donde estas? ¿Estás viva?”

A pesar de que la pandemia por Covid-19 ha provocado la muerte de más de mil personas en Tlaxcala, así como dificultado la búsqueda de Karla y otras personas desaparecidas, Olga y su esposo Iván no han dejado de buscarla.

Han compartido que, debido a la esperanza de que algún día sea encontrada, alimentan a su hija más pequeña con recuerdos y buenos momentos, para que nunca la olviden.

Aunque la tarea de la búsqueda ha sido dura y afectado incluso el modo de vida de su familia, comenta que la localización de su hija no está en manos de las autoridades, sino en las de ella y su pareja.

“Cinco años en donde tienes que dejar a tus otros dos hijos para salir a buscar a Karla. Que cada que sales te piden que no vayas, porque la búsqueda les toca a las autoridades. Hoy sabemos que, si no buscamos a nuestros hijos, nadie más lo va a hacer”.

Corazón realizado por Rafa, el hermano menor de Karla, en el que muestra la fragmentación de su familia desde su desaparición. Foto: Cámara Oscura / Melisa Ortega

Texto: Melisa Ortega

Ilustración: Joel Tlatelpa

Foto: Melisa Ortega

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