Estamos Vivas: La manifestación de la Resistencia a través del performance

En una habitación repleta de luz neón que inunda cada pared llena de figuras retorcidas, el olor del copal e incienso conducen a un sitio donde tres mujeres, tres “brujas”, te “limpian” de todo mal pensamiento y de todo prejuicio, para dejar la mente libre de todo estereotipo sobre lo que es el concepto femenino y lo que es el feminismo.

 

El 30 de marzo, en el Laboratorio Audiovisual Ome-Tochtli, el colectivo Esto No Es Un Simulacro, realizó un performance que consistió en un acto simbólico de una de las llamadas “limpias”.

La “limpia” consistió en adentrar a los asistentes hacia un pasillo del inmueble, donde ellas lo realizaron al estilo prehispánico; con un manojo de ruda recorrieron desde la cabeza hasta los pies a cada uno, acompañadas con un sahumerio que quemaba copal en su interior.

Posteriormente fueron conducidos a una habitación, donde pidieron la participación a una mujer y a un hombre, para luego pasarles un huevo alrededor de su cuerpo y este pudiera recoger su energía negativa, para después romper el huevo y dejar caer su contenido en un vaso con agua.

Así, de manera paulatina se proyectó una serie de videos cuyo contenido, acompañado de música experimental, pudiera causar en el espectador una sensación diferente. Las imágenes que transcurrían eran de notas rojas periodísticas, notas amarillistas sobre feminicidios.

Además de imágenes publicitarias que son utilizadas por empresas famosas para hacer ver a una mujer como un objeto, un producto que se puede consumir y no como un ser humano capaz de decidir sobre su propio cuerpo.

Por último, se condujo al patio del laboratorio, donde encima del mural que está pintado sobre la pared, se colocó una pieza de papel con forma humana.  Se le pidió a los asistentes tomaran un trozo, una pieza de este cuerpo, y sobre él escribir aquello a lo que más se le teme.

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Después de escribir, se pidió a los asistentes colocar los trozos de papel sobre el sahumerio para que fueran quemados, como un acto espiritual de limpieza y purificación.

Posteriormente y de manera breve, ellas obsequiaron un amuleto a cada uno, un colchoncito rojo relleno de ruda, que llevaban marcados los nombres de victimas de feminicidio, para que lo que ellas alguna vez representaron en vida, cuide a sus portadores desde donde quiera que estén.

 

Samanta Moreno, Sagrario Baena y Ana Celia Osorno, quienes integran el colectivo, realizaron este ritual de origen prehispánico, como un acto simbólico, que en lugar de quitar “las malas vibras”, simbolizó la “limpia” de todos aquellos prejuicios, señalamientos y la construcción errónea de lo que debe ser masculino y lo que debe ser femenino.

“La brujería nos habla de un mundo alterno que de alguna manera es un refugio para la mujer”, dijo Samanta, quien explicó que para ellas el descubrir el significado de las hierbas y las innumerables propiedades que tiene cada una  y que también, a la par de las mujeres, se les tacha a esas hierbas de ser “malas”.

 

Explicó que cuando los colonizadores vieron a la brujería la señalaron como algo malo y la catalogaron para que fuera visto como magia negra, además de que se le asoció a la mujeres que la practicaban y además que pensaban como brujas; “asocias que la brujería es negra como asocias que la mujer es bruja por algo y las matabas por eso”, comentó.

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El performance que se realizó consiste en cuatro fases; la limpieza del espacio, la limpieza de los participantes, el reconocimiento de sus males y la protección; “¿quién mejor nos puede proteger de la violencia que las víctimas que han sido parte de ella?”, comentó Ana Celia.

Para finalizar, Sagrario y Samanta aseguraron que se piensa expandir esta práctica a diferentes lugares, además de que se va a seguir investigando y que el performance está planeado para evolucionar, ya que el cuidado de las mujeres depende de la construcción de nosotros como sociedad.

Texto y Fotos: Melisa Ortega