#ApoyaLoLocal  La vendedora de cocoles y mil historias

Yolanda Sánchez, es una señora de 73 años de edad que se dedica al comercio principalmente, porque como ella dice, “para una persona de mi edad es muy difícil encontrar trabajo, es indispensable moverse y trabajar para no sentirse tan oprimida”.

Ella es originaria de Tlaxcala, criada en la Calle del Vecino. Es madre de cinco hijos que ya son adultos y que tienen familia, y a pesar de que no la han dejado desatendida, es precisamente por eso que no le gusta darles “molestias” y sale a trabajar.

Canasto de hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.
Canasto de hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.

Desde hace 22 años comenzó a trabajar como comerciante, pero antes de eso se había dedicado a criar a sus hijos, pero a medida que crecían tuvo que cambiar su estilo de vida. Comenzó a cuidar niños en casas ajenas, también un tiempo se dedicó a hacerles de comer a unos jóvenes que estudiaban, aunque al concluir sus estudios, tuvo que volver a buscar otro tipo de trabajo.

Siguió trabajando de lo que pudiera, hasta que se encontró a un panadero 23 años más joven que ella y  al darle resultados, desde hace más de dos años trabaja vendiendo pan tradicional.

Desde las 11 de la mañana hasta las 7.30 de la noche se le puede encontrar, en la esquina de la calle  1 Bis y el Bulevar Tepehitec, a un costado de la Central de Autobuses; allí, donde el inconfundible aroma a pan recién horneado y ajonjolí, y la canasta llena de panes que con la luz del sol se tornan de colores dorados y brillantes se hacen presentes y hacen que cualquiera que camine por ahí pregunte de a como son.    

“El trato con la gente es muy bonito, es parte del encanto de vender, se conoce a mucha, un poco de gente avinagrada, un poco contenta y siempre platica con uno, uno no tiene oportunidad ni de enojarse”.

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Doña Yola mientras cuenta mil historias
Doña Yola mientras cuenta mil historias

“La vida es como un pastel, usted sabe si se la come todo de una mordida y lo vomita o va dándole mordisquitos y lo disfruta. Yo me quiero terminar mi vida saboreándola”.

Mencionó que ahora ya tiene la oportunidad de andar por donde sea y hacer lo que le gusta, porque cuando se tiene hijos pequeños se pasa por diferentes circunstancias, “problemas con el esposo, angustias porque los hijos crecen, carencias, no disfruta tanto de la vida”.

“Se fue mi esposo con otra y ahora soy viuda, pero nunca me amargué, son cosas que pasan”.

Doña Yola sonríe mientras muestra sus tejidos.
Doña Yola sonríe mientras muestra sus tejidos.

 

Ella no sólo se dedica a vender, en el transcurso del día, entre cada tiempecito que se da en el que no hay clientes,  teje, los sábados vende “chacharas” en el tianguis de Tlaxcala y los domingos en el mercado de Santa Ana. Le gusta leer novela latinoamericana y le gusta conversar con las personas, es lo que más disfruta hacer.

Doña Yola se procura a sí misma,  se viste, se calza y se alimenta. Pasar el rato vendiendo pan es muy productivo para ella, pues como ella dice “este pan se vende solo”, pues está elaborado de la manera tradicional, en horno de ladrillo como se hacía antes y no con horno de lámina como se hace hoy en día. 

Hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.
Hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.

El costo de cada pieza es de 7 pesos, mientras no suben los productos básicos se du elaboración. Entre sus variedades se encuentra el pan amantecado, la hojaldra tradicional y el más famoso de todos es el cocol.

Entre las memorias que ella gustosamente compartió,  ella recordó a un señor, Julio Blanco, al que le apodaban “la shopa”, que era amigo de su papá. Ellos hacían obras de teatro para la cruz roja, participó en el tenorio y llegó a declamar para los diferentes gobernantes de su juventud.  “

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Canasto de hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.
Canasto de hojaldras, amantecados y cocoles tradicionales.

“Tuve una infancia feliz, una adolescencia venturosa y una vejez tranquila”.

Mencionó que aunque a antes no les interesaba las cosas de su país, en sus tiempos se podía caminar tranquila en la noche, las distracciones eran la nevería del portal, dar vueltas en el parque y ya.

 

 

Los hijos que ella tuvo tienen diferentes profesiones, uno es Químico Laboratorista, una es licenciada en educación especial, además de tener a un vago y a otro no tan vago.

La vendedora de cocoles y mil historias
La vendedora de cocoles y mil historias

“Soy de una vida simple, salgo de mi casa, atiendo a mis perras, al hijo que vive conmigo que es el músico, poeta y loco, porque a veces escribe cuentos que le llegan a publicar en un librito o así. Es feliz con sus cosas”.

Ella comentó que lo que más extraña es esa tranquilidad que antes había en Tlaxcala, la confianza. Platicó que su padre siempre fue marrullero “En el PRI hasta los muertos votan”, por esos entonces, comentó, que no se tenía el suficiente conocimiento ni se sabían de las cosas que iban a suceder después. 

“Todo mundo se conocía,  ahora usted camina por las calles y resulta que hay 20 colombianos, 20 venezolanos, unos africanos, gente a la que usted no sabe nada de ellos, gente que hicieron que se perdiera ese saborcito de provincia que tenía antes Tlaxcala”.

Doña Yolanda y su canasto de panes
Doña Yolanda y su canasto de panes

En la vida lo único que tenemos como importante es ser felices, y si uno no logra eso, que cada bocadito lo disfrute.

Foto y Texto: Alan A. Pizano